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La sonrisa es el idioma universal de los hombres inteligentes.
Las tres cuartas partes de personas que diariamente encontramos tienen sed de simpatía.
Prefiero los malvados a los imbéciles. Aquéllos, al menos, dejan algún respiro.
Por bien que uno hable, si habla en demasía acabará diciendo alguna necedad.
Temo a Dios, y después de Dios temo principalmente al que no le teme.
Sucede con los hábitos arraigados que siguen en pie aun después de haber desaparecido las necesidades que los formaron.
Estar preocupado es ser inteligente, aunque de un modo pasivo. Sólo los tontos carecen de preocupaciones.
De cuántas preocupaciones nos desprendemos cuando decidimos dejar de ser algo para ser alguien.
A veces cuesta mucho más eliminar un solo defecto que adquirir cien virtudes.
El hombre que no sufre es una máquina mal compuesta, una criatura defectuosa, un mutilado moral, un aborto de la naturaleza.